sábado, 26 de mayo de 2012

Crianza 2013

Tan pronto como acabó la fiesta, se puso a recoger las botellas vacías y los vasos a medio beber que se amontonaban en el salón. Y tan pronto como levantó la copa con borde aún rojo por el carmín, supo que ella tampoco sería la definitiva. Leer el porvenir en los círculos que deja el vino ya no es divertido cuando el portero aparece en él.

jueves, 23 de febrero de 2012

Luces, cámara...

En la cocina, su padre con gracioso bigote parecía degustar los cordones de una bota aun humeante en el plato. Su madre de un portazo abrió la puerta del salón y señalándolos gritaba "¡Mirad, estos son vuestros hermanos!" con un extraño acento alemán. Todo había tomado un cinematográfico color gris, y un cuarteto de cuerda se encargaba de la banda sonora para tan absurda situación. En el salón, una decena de personas convertía un banquete en fiesta al son de "Gooble Gobble" gritándole con euforia que era uno de los suyos, golpeaban fuertemente la vajilla de cristal, aunque habían dejado claro que la aceptaban en la mesa. Lo intentaría por la puerta de atrás, pero allí estaba él con gabardina ondeante y un avión a sus espaldas. Espera, esta me la sé ¿Siempre nos quedará París?

martes, 14 de febrero de 2012

Eco o El sonido hueco de una casa recién pintada

Voy a por un tentempié. ¿Eh?¿Quién me llama? ¿Ama? Sí amaré algo de comer, anoche guisé unas lentejas, pero ya las aca. Ya voy, qué prisas... ¡Cállate! Sí tengo té, ¿quieres? y un pastel en el horno. ¿No? Vaya, mi madre lo hizo con todo el cariño. Si ya lo sé, soy un ñoño de treinta años que aun vive con su madre en un piso minúsculo. Deja de meterte conmigo, la culpa es de esas páginas web, ¡les confío mi vida amorosa y no me consiguen nadie afín!

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Con este micro participo en el I Certamen de Microrrelatos de ventadepisos.com Pincha en el link si quieres participar y déjame un comentario (y una sonrisa) como apoyo si te ha gustado.

jueves, 12 de enero de 2012

Andrómeda en las ondas


 Andrómeda
Tú y una palabra. Entonces me voy al universo paralelo en que guardo cada letra cuidadosamente enlazada a la siguiente, donde guardo tus palabras alineadas como planetas que consiguen mover mareas o trastocar océanos. Allí las mezclo a mi conveniencia, enhebro la aguja y coso sus sílabas de un modo armónico, un orden único que provoca una reacción devastadora. Ya casi está, casi completa tengo nuestra galaxia de términos propios. No desesperes, sé paciente. El día menos pensado descubrirás el modo de llegar y, entonces, me encontrarás colocando tildes a lo que pensé sería una utopía.


Muchas gracias a Pablo Garcinuño por hacerlo posible y a mi bien querido Carmelete, por ser tú.

martes, 29 de noviembre de 2011

Encuentros estelares

Sólo donde la tierra acaba y no existe la certeza de que haya algo más allá, presenciamos tan magnífico espectáculo de la naturaleza. Casiopea avanza, abriéndose paso entre el millón de estrellas que la separan de su destino. Orión tiembla al percibir ciertas alteraciones en las órbitas de los astros que la componen. El tiempo se ralentiza y durante el impacto, todo a su alrededor es absorvido y desaparece. Sólo quedan chispas de luz y una nueva constelación, la de mis pecas y tus lunares.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Trastorno bipolar

El día que Lucio decidió abandonar su puesto de trabajo, se creó un gran revuelo. Al menos dos manzanas enteras se colapsaron por el tráfico aquella mañana, aunque era lo que menos le importaba. Necesitaba un cambio de aires, tanta contradicción en su rutina le elevaba demasiado la tensión.
Berlín. Viajaría a Berlín. Un tal Ampelmännchen, primo lejano de la familia, emigró a Alemania en los cincuenta y le iba bastante bien. Por lo visto, había conseguido abrirse un hueco entre el famoseo centroeuropeo y era todo un icono en el país. Siempre había sido un raro vistiendo y eso en el extranjero triunfa, pensó.
Sin embargo, se sentía apostador.
Quizá pruebe suerte en Bielorrusia, también necesitan semáforos allí ¿verdad?

miércoles, 5 de octubre de 2011

Le Voyage dans la Lune

Disfrutaba de la brisa. Su piel, egoísta, absorbía cada rayo de sol, dorado y preciado como el oro en esas épocas del año. Sonreía, con una de esas sonrisas que bien merecen un premio Goya por la profesionalidad del espectáculo. En realidad, uno es consciente de que todo el mundo ha enseñado dentadura al personal más de una vez con tal de seguir en su burbuja.

Lo que estaba en su cabeza no tenía mucho que ver con las historias sobre el imperio de Carlos V que se colaban en su oído y seguían su camino hacia la oreja opuesta. En su cabeza pensaba sobre los cuentos que leía, los de pensar. Sobre sentirse buscadora porque busca y no necesariamente encuentra, o porque repentinamente siente la necesidad de anotar cada uno de los minutos que ha disfrutado intensamente, sólo por dejar constancia de cuánto tiempo ha vivido realmente.

Se imaginaba esa libreta repleta de momentos fugaces, poco duraderos, pero tan intensos que sumaban años al final.

Los dos segundos del primer mordisco en una pera, el minuto y medio que tardó en dibujarle un cordero a El Principito o los catorce minutos y doce segundos que pasó en la luna con Georges Méliès.